Después de 2 días sin ver el sol, únicamente para observar el anochecer entre gemidos y látex, cerré la finca y despedí a mi compañero de juegos después de que me dejara en mi casa. Entré por el portón del bloque y ví a mis dos vecinas cotillas que siempre miran por la ventana del patio, como si de dos “voyeurs” se tratara. Recordé que dejé el móvil en casa y encontré 5 llamadas y 12 sms de los cuales sólo me importaban dos, uno de mi madre y otro de un chico que conocí hace poco y que era muy peculiar. Encendí el lector de CD y ahí seguían sonando los Def Con Dos con mi canción favorita, “Asociación de Mujeres Violentas”. Justo en ese momento no quería que me acompañase nadie, quedarme sola en casa y recordar esos dos días de sexo salvaje. Notar el semen cayéndome por los pelos del pubis calentito hizo que me subiera la líbido de nuevo, pero llamé a mi amigo (ése tan peculiar y extravagante) y no podía acudir en mi rescate para que me echara agua con su manguera y así refrescar el ambiente. Me quité la camiseta, el sujetador a gran velocidad dejándolos caer en el suelo junto al pantalón que siempre me quito estando en casa. Sola, en el sofá, con tiempo por delante, en bragas y que el ambiente no se calmaba. Empecé a toquetearme y mordisquearme suavemente los pezones para notar yo misma esa sensación de placer que empecé a echar de menos, pero que pronto empecé a recordar a ritmo agresivo de DCD. Las braguitas no duraron ni un momento, quedándome totalmente desnuda y con una mano adentrándose en mi agujerito del placer. Entonces recordé que tenía un pequeño regalo de una despedida de solteras, un consolador plateado que apenas usaba porque lo perdí en la mudanza y lo encontré la semana pasada. Fue cosa de activarlo y aquello fue una maravilla. En ese momento de auto-placer y lujuria miré hacia la ventana del patio y ví que me miraba alguien, pero no me importó, pensé que esa persona disfrutará mirándome. Me olvidé de él por un momento mientras esa deliciosa máquina plateada se adueñaba de mis gemidos y mis convulsiones. Volví a mirar a la ventana, y esa mirada seguía ahí, imperturbable, así que decidí parar y acercarme. Me dí cuenta entonces que esos ojos eran de un chico de unos 19 años hijo de una de las vecinas cotillas que me encuentro todas las mañanas al ir a trabajar. Fijé mejor mi vista en él y lo ví especialmente colorado y como si intentase ocultarme algo y rápidamente me dí cuenta que no sólo yo disfrutaba con mi sesión de placer propio. Abrí la ventana de par en par, me tumbé en el suelo y empecé a moverme como una loca, imaginándome que el consolador era el pene de aquel chico al cual observaba con mirada lasciva, como si estuviese guarreando con él toda la vida. Me saqué la maravilla plateada y me acaricié con él por el canalillo y me lo metí en la boca. En ese momento, me di cuenta que aquel chico miraba hacia arriba con la vista perdida a ningún lado, y ví que mi trabajo en ese momento estaba resuelto, aquel chaval tuvo una de sus mejores corridas con sexo masturbatorio en directo dedicado. Le hice gestos de que me enseñara la mano con el líquido de la victoria, y ahí estaba, le caía un goterón blanco por los dedos y él estaba orgulloso como si fuese un trofeo. Posteriormente nos reímos, y le dediqué mi corrida de espaldas, enseñándole mi precioso culo con el consolador dentro, y empecé a contonearme y a moverme, moviendo las cachas. Creo que en ese momento el chaval se arrepintió de haberse corrido tan pronto, porque el espectáculo que empecé a darle fue auténtico. Me indicó que le enseñase el consolador, y así hice mientras lo mordisqueaba y lo chupaba. Alegrarle la vida así a un chaval me hizo sentirme doblemente satisfecha, por un lado el morbo de masturbarme con gente mirándome y por otro haber servido de fuente de inspiración para otro momento pajillero. Fue como una relación de necesidad, el uno fue al otro como un aliciente extra en el que no hizo falta hablar, fue todo lenguaje corporal. Le advertí que eso no era gratis, que volvía a hacerlo a cambio de una foto del chaval en pleno potencial, que era lo que me ponía verdaderamente cachonda, recordar a conocidos y amigos en momentos dedicados para mí en postura de “poder”. No lo podía remediar, creo que esa ventana, el consolador plateado y aquel chaval iba a servir para mis fantasias de cuando estuviese sola en casa, aunque nunca olvido llamar a ninguno de mis amantes... que por cierto, volveré a llamar a aquél tan peculiar. Era contorsionista de circo y me hizo el amor en una postura tan rara que sentí más orgasmos de la cuenta, hasta me mareé de placer y aprovechó para darme ese jugo que tanto aprecio en los hombres. Mi salud depende de él, y de vez en cuando es bueno tomar una pequeña dosis. Pareció como si reviviese y volvimos a la carga, ahora por el ano, ya que el clítoris lo tenia tan colorado que sólo con el roce de las sábanas me hacia correr.

Sir Vicious