Una nota en el mueble de la entrada: “Vienes algo cansada verdad? Tranquila, tengo una grata sorpresa…Solo debes seguir algunos pasos. Te quiero”. Una flecha me indicaba que debía seguir hacia el salón.
Sentada en el sofá estaba ella, ni una palabra dijo. Se llevó el dedo a la boca indicándome silencio. Sonrió. Se incorporó y fue hacia el mueble; había tres cajas. “Elige una”. Tres colores: azul, violeta o naranja. Jamás había estado tan indecisa, pero el azul era mi color preferido… “Sabía que elegirías esa”. Allí mismo la abrió y sacó una tela azul, se acercó y me la puso en los ojos. Se acercó y me besó. Cogió mi mano y me guió hasta el baño.
Al abrir la puerta noté un olor muy suave, sales de baño. Empezó a desvestirme, primero la blusa, luego el pantalón…”Deberías ir con ropa interior a juego, que nunca se sabe que puede pasar…”. Pasó una de sus manos bajo las braguitas, la otra ascendía por mi pecho. Desabrochando el sujetador introdujo uno de sus delicados dedos en mi vagina, ahogando mi respiración en ese momento. Bajó mis bragas y ascendió lamiendo mis piernas hasta ponerse erguida. Se quitó la bata que llevaba y pegó su cuerpo al mío, intenté besarla pero no me dejó. No veía nada y esquivaba mi boca, mordiéndome a su antojo. Me giró e hizo que apoyara mis codos en el lavabo. Acarició mis caderas y se colocó bajo mis piernas. Pasó una de sus manos por la cara interior del muslo y seguidamente la lengua. De allí fue a mi coñito. Su lengua, suave y caliente rozaba mis labios, jugaba con el clítoris, pasaba cerca del ano, se metía en la vagina, acelerando su ritmo y aumentando mi placer. Uno de sus dedos pasó a rozar el clítoris mientras otro me lo introducía. Solo se me escuchaba a mí jadear, mi pareja era mucho más silenciosa. De repente paró y me hizo pasar a la ducha.
Allí, y estando yo de frente a la pared se colocó tras de mi, quitándome la venda de los ojos y dejándome ver lo que había preparado. Había fijado un vibrador a la pared!!! Uno de esos con masajeador de clítoris. Si es que es una manitas, pensé. Con su rodilla abrió un poco mis piernas y estando totalmente pegada a mí me fue acercando lentamente al aparato, abriendo paso con una de sus manos, separando mis labios para que me entrara. Su boca estaba muy cerca de mi oído, la escuchaba respirar, sentía el cálido aliento en mi nuca. Estaba siendo penetrada una y otra vez por aquel maravilloso aparatito. Las dos estábamos muy excitadas, cada vez me empujaba con más fuerza y el vibrador entraba más dentro mío. Estaba próxima al orgasmo, acariciaba mis pezones, mordía mi espalda. En solo unas penetraciones más llegaría al clímax, lo sabía, no podía aguantar más. Mis gemidos subían de tono, el último fue tremendo. Paró de penetrarme, dejando unos segundos el vibrador en mi interior. Pasó una de sus manos por mi barriguita, bajando por ella hasta el pubis y sacándomelo poco a poco. Suaves besos recorrían mi espalda, mi respiración y la suya estaban de nuevo relajadas. “Gracias, era lo que necesitaba”. Decidimos darnos una ducha con aquellas sales, entre el polvo y ellas la piel nos quedaría perfecta.

Lady Depraved