Por fin ha llegado el buen tiempo, es lo bueno del verano, podré volver a usar mi ropa ligera – pensó ella. Ese día se puso un vestido de lino que le habían regalado, tenía tirantes y le marcaba ligeramente la silueta. Hacía un calor horroroso y decidió ir al supermercado solo con el vestido, sin ningún tipo de ropa interior. Al bajarse del coche y entrar notó cómo algunas personas la miraban, fijando su mirada en la ingle. Se puso algo nerviosa y se dirigió a un espejo. Efectivamente, el vestido se transparentaba y aunque era rubia, su coñito lo tenía algo más oscuro. Vio una gran oportunidad y en seguida el morbo la sedujo, haciendo que se exhibiera siendo totalmente consciente. Notó que tres adolescentes de unos 17 años la seguían, pasaban a su lado, se paraban junto a ella y la miraban indiscretamente, hasta que sus madres los vieron sacándolos fuera del supermercado.
Decidió pasar por los refrigerados, estaba algo caliente y necesitaba algo de fresquito. Al estar allí cerca sus pezones se marcaron. Ella pasó una mano por una de sus tetas, mientras con la otra se estiraba para coger un helado de la parte superior. No llegaba, se giró buscando alguien que le ayudara y vio un reponedor que la miraba fijamente. Ella le sonrió y él inmediatamente vino a ayudarla. Él le dijo que le indicara cual quería y ella se giró y estirándose señaló el que quería. En ese momento el chico se puso tras de ella y largando su brazo sobre el de ella intentó coger el helado. Fueron unos segundos intensos, donde ella al notar cómo él rozaba con su entrepierna un muslo, recolocó su culo en el hueco del pene, notando como se le ponía dura. Aquí tiene – le dijo el chico. Se acercó a su oreja y susurrando le dijo que estaría esa noche en el Kitrón, que se pasase. Aquella situación le estaba poniendo demasiado cachonda, notaba cómo había lubricado su vagina, y ella debía volver a aquel supermercado en otras ocasiones. Se dirigió a la caja, pagó y se subió a su coche.
De regreso a casa no pudo evitar masturbarse con una mano, mientras la otra sujetaba el volante, es una de las cosas positivas que tiene ir sin ropa interior.

Pronto llegó la noche, el Kitrón esperaba. Es un pub donde a partir de las dos de la mañana ponen la luz algo más tenue y lo más normal es encontrarte una pareja haciendo el amor junto a ti. Me quedé sentada en la barra sabiendo que mi nuevo amigo no se resistiría a venir. Intenté ir casi de la misma guisa, algo más arreglada pero sin ropa interior como por la mañana para que siguiera fantaseando.

Por fin lo vi, una de las cabezas de la masa que entró era la suya e iba mirando a todos lados, jeje, seguro que estaba nervioso. Cuál fue mi sorpresa que se acercó a mi, le di dos besos e iba acompañado de un amigo... ¿no habría cogido la indirecta? Daba igual, si salía la oportunidad, nos escapábamos.

Estuvimos los tres entre cháchara y risas, y el alcohol hacía brotar comentarios picantones que me calentaban más y más. Después de un rato, noté su mano que rozaba mi cintura, mis caderas y mi culo, ¡ya estaba tardando! De pronto me di cuenta lo que ocurría alrededor, había mucha gente desnuda bailando y varias orgías. La verdad es que la situación no daba para más, asi que me acerqué a mi reponedor favorito y restregué mi culo en su paquete. “¿Lo echabas de menos, eh?”, le dije. Sonrió, y su amigo, ni corto ni perezoso, se puso delante mía haciéndome un sandwich mientras me magreaban. “¿Sigues sin llevar ropa interior?”, me preguntó mi amigo de pocas horas. “No, ¿para qué? En estos casos sobra”. Volvió a sonreir de nuevo. En breves, me subieron el traje y allí estaba yo, entre dos sementales a los que le notaba el falo tieso completamente desnuda sólo con los zapatos puestos. Comenzaron a tocarme la vagina y a meterme dedos por todos los agujeros, “¡qué gustazo!”. Mi temperatura subía cada vez más, tenía ganas de ser penetrada por mis dos acompañantes. Por comodidad, me agaché, me puse de rodillas y saqué el aparato tieso de uno de ellos. En décimas de segundo estaba con la boca llena, me encantaba, mientras el otro no paraba de tocarme las tetas y acariciarme los pezones.

Comenzaron a desnudarse también y a guardar la ropa en una esquina. Me dio tiempo a mirar de nuevo hacia mi alrededor y sólo veía carne. No podía parar ni un momento, así que mientras no venían, me masturbaba lentamente y a gemir como nunca lo había hecho. De pronto me noto una mano familiar en mi cuello que me levanta, ahí estaban ellos dos bien armados. El más grande me levantó como si fuese un bebé y comenzó a penetrarme por la vagina, “ufffff!”. Abrazada a él, con mis piernas abrazadas detrás de la espalda mientras gemíamos sin parar. La fiesta estaba algo incompleta, y me quedaba un agujero libre, por lo que mi otro amigo empezó a pasar su polla por mi agujero anal hasta que estaba suficientemente dilatado como para poder ser atravesado. “¡Vaya postura!”. Podía notar gemidos por todos lados, en estéreo, era como un sueño para los que buscamos nuevas sensaciones en el sexo. Mis compañeros de juegos no paraban de darme “mi merecido”, cabalgando sobre sus dos pollas. Lo malo es que debido a la postura, no podía chupar nada, así me hubiese sentido más guarra que nunca, pero llegó un momento que me daba igual, noté que alguien me chupaba los dedos de los pies y esa sensación me hizo ya no gemir, sino gritar. Es uno de mis puntos débiles, lo confieso.

Pasado un ratillo, la calentura subía, me pusieron en el suelo y me hicieron de nuevo una penetración doble, me encantaba estar en medio de dos cuerpos calientes. Les dije que se corriesen en mi cara, y para ello, me arrodillé delante de ellos y masajeé con mis tetas sus testículos y sus pollas. El primero que se corrió no hizo falta ni que se tocara, ese masaje fue efectivo y mi canalillo brotaba semen. El segundo fue más espectacular, parece que hacía tiempo que no tenía una eyaculación y me llenó toda la cara. Así me quedé, extenuada, sentada en el suelo porque ya no me podía contener de rodillas, y con las piernas abiertas y todo el cuerpo oliendo a orgasmo masculino, comencé a masturbarme hasta hacerme correr. De estar sentada pasé a otro estado, totalmente tumbada intentando recuperarme porque no podía ni respirar del calambrazo orgásmico que había sufrido en ese momento.

Ya de pie, entre jadeos postcorrida, nos intercambiamos los teléfonos para volver a quedar, pero esta vez sería en mi casa... no saben ni lo que les espera. ¿Se resistirán?

Sir Vicious & Lady Depraved (relaCto compartido)