Mi vida había sido un tanto monótona y aburrida, sin muchos altibajos y desde hace un tiempo quería probar cosas nuevas. La rutina en el sexo comenzaba a aburrirme , no era capaz de aprovechar ni mis momentos de soledad ni mis ratos de compañía ocasional. Comencé a comportarme como una loba nocturna, el morbo de seducir a desconocidos (y alguna que otra desconocida) era lo poco que me atraía en el mundillo del sexo. Alquilaba numerosas películas X para ver si podía fantasear con ellas, hasta que vi una en especial en la que un chico era fustigado por una "ama". Él, vestido de colegial, estaba en sus rodillas mientras ella, adornada de cuero, le pegaba en el culo con una sensualidad increíble. Aquello fue motivo para que me llevara la mano a la entrepierna, mi clítoris me llamaba, una escena de sexo sin penetración ni corrida era para mi lo nunca visto. Vi cada escena de la película, mi preferida fue aquella en la que un grupo de mujeres se ponían en fila para recibir con la fusta. Mi mente iba más allá, me las imaginaba encadenadas y con público, todos poniéndose cachondos a medida que los culos femeninos iban poniéndose colorados. Después de masturbarme con la escena, recapacité, quizás era una buena manera de buscar una nueva evasión en el mundo del sexo. Localicé varios blogs en internet sobre el tema y comencé a familiarizarme con los términos: "spank", "spankee",... interesante, casi un nuevo lenguaje y una nueva forma de ver el sexo. No paraba de buscar más información y contactos, hasta que un día localicé a una "spanker", que era una persona a la que le gusta dar, mientras que una "spankee" recibe. De todos modos, quería iniciarme por la puerta grande, intentando ser las dos cosas, cuestión de probar.

Llegué al punto de encuentro donde me cité con mi nueva amiga a la cual fue fácil de reconocer: 40 años, morena, y una belleza que mejoraba con los años. Era conocida en el mundillo de internet, su estilo era muy bueno. Antes de presentarnos, me quedé helada por su mirada, penetrante, de buena negociadora y una arpía en los tratos. Nos tomamos un par de cervezas en el bar indicado, y sentadas en un rincón íntimo y lejano a lo demás, comenzó a contarme sus experiencias y su iniciación. Se le notaba ya una experimentada, por eso me sentía relajada, su veteranía me tranquilizaba. Colgaba una maleta, seguro que ahí lleva los instrumentos. Mientras intentaba adivinar qué contenía, me contaba que era amante tanto del "spank" como del BDSM, y las diferencias entre uno y otro. Me aseguraba que gracias a ello revivió de nuevo después de su divorcio, disfrutaba de una segunda juventud. Se comportaba como una verdadera ama, segura de sí misma con mirada cautivadora, difícil decirle que no. Las cervezas no paraban de ponerse en la mesa mientras ella me acariciaba la pierna, hasta que llegó al tobillo y me lo acariciaba de una manera que sólo una experimentada en el sexo sabía. Creo que si no paraba, era capaz de correrme allí mismo, con lo escandalosa que soy cuando tengo un orgasmo. Decidimos irnos ya a entrar en materia, su casa estaba cerca y aunque no la conociese, me daba tranquilidad, era conocida en la Red por lo que me garantizaba seguridad. Ya dentro de su casa, me enseñó una habitación donde lo tenía todo preparado, de modo que en su bolso quizás llevara el "kit de emergencia" por si tiene que "tratar" en la calle. Por un lado tenía un potro de madera, cadenas y un armario cerrado donde colgaba una fusta por fuera. Puso música, velas y todo estaba listo para la "ceremonia". "¿Quieres que te desnude yo?", me dijo, a lo que no me negué, como para hacerlo con esos ojos. Me indicó que me tumbase sobre una mesa larga, y poco a poco, entre sus manos y su boca iba quedándome desnuda. Me embadurnaba con un poco de aceite, acariciándome los pechos, las piernas,... todo. En ese momento era suya, que me hiciese lo que ella quisiese. Me dijo que pactásemos una palabra por si quería que parase cuando me azotara, y así lo hicimos, "Nirvana", era en lo que me sentía yo dentro de ese cuarto. "Ponte de rodillas en la mesa", y automáticamente allí estaba yo con el culo en pompa, desnuda y llena de aceite. Me respiraba al oído profundamente, algo que me ponía muy muy cachonda. "No te va a doler si no quieres", y justo en ese momento, su fusta dio con mi culo. Fue una sensación de placer, de ser dominada. Como era la primera vez que me azotaban, intenté tocarme el culo para ver si tenía sangre, pero no, sólo lo tenía dormido. En ese momento me dijo que no me preocupase, que sólo tenía que decir "Nirvana", pero como me había portado mal, me tenía que atar las manos, y así fue. El morbo fue aún mayor, me acariciaba y me fustigaba a la vez, era toda suya, su muñeco de perversión. Mi corazón latía cada vez más fuerte, trataba de ponerme mucho más cachonda chupándome los pies. Es una sensación que nunca había tenido, algo rara pero estimulante. La función de chupármelos era que me estaba preparando para azotarme en ellos con el látigo negro. Un cosquilleo radical invadía mi cuerpo desnudo, el cual comenzaba a expulsar el aceite por culpa del sudor. Una vez terminada la sesión de pies, me coge por detrás y me susurra al oído "ya que es tu primera vez y quieres probar cosas nuevas, cambiemos al BDSM, algo rápido". Tampoco dije que no, aunque no le pudiese ver los ojos. Cambió de música a algo más fuerte (heavy gótico) y me ató más fuerte a la vez que me tapaba los ojos. No sabía lo que estaba haciendo ella, aunque de vez en cuando me seguía fustigando. Justo cuando más me asolaba la duda, noté cómo algo entraba por mis dos agujeros, quizás sería una faja con dos consoladores. Entraba lentamente, pero poco tardó en acelerarse. Paró de repente y en un momento se subió a la mesa y noté su pie en mi cara para que lo chupase. Mientras, me acariciaba y me daba palmadas en el culo. Quitó el pie y puso a la altura de mi boca los dos consoladores, los que chupé porque ella me lo pidió. Tenían condones de sabor, aunque algo perdidos debido a la sodomización doble anterior. Se quitó de repente y volvió a darme por detrás. "¿Lista para correrte?". No me dio tiempo a decir "sí", sólo noté que se me dormía la entrepierna de tanto ajetreo. Me estaba abriendo todo, y el orgasmo no tardó en llegar. Un fuerte chillido asoló la habitación, mi orgasmo hizo que me corriese literalmente, soltando un líquido por la ingle, algo que ella absorbió y chupó. No sé si fue mejor la corrida o la post-corrida, con todo aquello dormido notando el cosquilleo de su lengua.

Poco a poco me fui recuperando, ya desamordazada, y nos sentamos en su salón. Me dijo que había sido una buena alumna, tenía talento tanto para el "spank" como para el BDSM. Le respondí con una sonrisa y que era eso lo que buscaba, otras vías para mi evasión. Se reía, me decía que le recordaba a ella cuando comenzó, nerviosa por buscar algo que no sabía exactamente lo que era. Después de tomar algo, nos duchamos y me invitó a dormir en su casa, en su cama, algo... que tampoco me negué. Una nueva experiencia que tampoco olvidaré, mi nueva amiga tanto en el sexo extremo como en el íntimo de una alcoba era una fiera, y sabía comportarse según el papel que desarrollaba. Su casa era todo un museo del disfrute, y ella la mejor directora.

Inolvidable, desde ese momento fui su alumna, su esclava y su compañera.

Sir Vicious

RelaCto dedicado a Selene y Miranda, que me han servido como fuente de inspiración para escribirlo.