In nomine Patris
- Ave María purísima
- Sin pecado concebida
- Cuéntame hija
- Padre…ummm no sé cómo empezar…
- Qué te preocupa?
- Ummm Padre, he tenido numerosas fantasías sexuales…
- Bueno hija, eso no es un pecado demasiado grave…puedes re
- Padre, padre…es que los sueños…son con usted!
Sus ojos parecieron salirse, impresionado el Padre, y tras unos segundos de silencio…comenzó a balbucear nervioso…
- Pero hija…yo…verás…jamás te…he dado a entender nada…vamos…si…si…estoy seguro de que no…
- No padre, soy yo…que siento demasiado morbo, le veo y…no puedo evitarlo.
- No creo que debiera tu mente ir por esos caminos, hija.
- Es que me asaltan imágenes, donde usted me toca, de una manera irre…
- Hija, para…
- Padre, tal vez si le cuento lo que veo en mi mente…tal vez así…pueda desprenderme de esos deseos.
- No se hija, nunca me ha pasado algo así.
- Padre, no hay nadie en la iglesia, nadie podrá escucharme…creo que es un buen momento.
- Está bien hija, cuéntame.
- Mire Padre, la imagen que más se me repite es la de usted sentado ahí mismo. La luz es apagada. Imagino que mientras alguien le confiesa alguna idea lujuriosa comienza a ponérsele dura, abultándose su sotana. Siente deseos de tocarse, pero no lo hace, el feligrés podría notar su respiración agitarse. Pasados las primeras frases del feligrés su deseo comienza a ser insoportable y desliza su mano hacia su polla. Al contacto con ella ahoga un pequeño suspiro…padre, me oye?
- Emmm si hija, le escucho atento.
El sacerdote estaba nervioso. Aquella chica estaba poniéndole cachondo. Masturbarse es pecado, no puedo hacerlo…no…no…repite en su cabeza…pero conforme avanza el relato, su mano baja hasta los botones que protegen su pene. Los desabrocha uno a uno y comienza a acariciarse.
- Mientras el feligrés continúa, usted sigue masturbándose y frena en seco cuando el chico le dice que ha acabado, preguntándole cuál es la penitencia. Le dice lo que debe rezar rápidamente, quedándose solo, allí encerrado a media luz. Aquello no se le baja, está usted demasiado caliente y decide seguir dándose el placer…luego ya se infligirá dolor si es necesario. Mientras se masturba piensa en que una jovencita comienza a chupársela, dándole lametones a su capullo y recorriendo más tarde con su lengua todo el pene, una y otra vez. Sube su ritmo y fuerza. La chica le lame sus primeras gotitas, las saborea y succiona suavemente el orificio…
Para entonces, la chica se ha dado cuenta que el sacerdote anda masturbándose. Decide no decirle nada, pero siente cómo se está frotando el pene y está poniéndose muy caliente. Continúa con su relato, donde ahora no pierde la oportunidad de meter todos aquellos detalles que le vienen a la mente. Uno de sus dedos también recorren ya su sexo, húmedo y caliente.
- …entreabre su boca, pasando sus labios alrededor del pene y en unos segundo éste ya entra al calor de la boca. Su lengua ya se ha apropiado de su polla, juega con ella ahí dentro, la empapa, la lame, la hace suya y nota cómo se endurece, incluso se mueve. Usted comienza a gemir. Ella entonces aligera su ritmo no dejando de chuparle y comienza a acariciar sus huevos. Entonces usted coge su cabeza entre sus manos y le pide que no pare.
Un hilo de flujo resbala por la pierna de la chica. Está oyendo la respiración del padre, que no se corta. En una acción inesperada, el padre abre la ventanita, dejando ver a la chica lo que está haciendo, invitándola a entrar con su cabeza. Ella entra en el confesionario y arrodillándose lame desesperada aquella polla que tanto ha deseado. Tras un rato de juego se pone de pie, le pide al padre que le quite las braguitas, su coño está tan caliente que cree que no aguantará más. Se sube sobre él, que permanece sentado. Su polla entra con gran facilidad, por lo que ella comienza a embestirle sin piedad alguna, fuerte, no piensa parar hasta hacerle correr dentro suya. Nota cómo se endurece en su interior. Entra y sale con gran rapidez. Ambos gimen desesperados, se acerca el gran momento. Ella le susurra que cree que va a correrse y él en tonces la coge por la cintura haciéndola bajar al máximo, entrando su polla al máximo. Comienza sus espasmos y con las contracciones de su vagina el sacerdote se corre también, llenando de semen caliente aquel agujero que le poseía. Tras unos segundos donde permanecen abrazados la chica se pone en pié, recoge sus braguitas, se limpia el semen que le resbala rodillas abajo y le da las gracias. Sale corriendo de aquella iglesia, dejando como recuerdo en el buzón de “donativos” su ropa interior.
Lady Depraved
nunca hemos estado tan cerca...



















Creo que voy a dormir muy calentita hoy, estupendo relato.
Un beso calentito